Si bien es cierto, nuestros abuelos nunca solían ir al médico, y puede que tampoco lo consideraran necesario. Ellos siempre tenían un remedio para cada enfermedad que se presentase.

Para ellos, la naturaleza proporcionaba todo lo necesario para curarnos. Y si fuimos afortunados, tal vez nos tocó tomar su famoso aceite de higuereta con café amargo. El tomillo también era uno de sus ingredientes favoritos. Lo peor de todo es que, para bien o para mal, sus remedios caseros siempre funcionaban.

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