En mi adolescencia comencé a presentar algunos problemas, tales como dolor exagerado cuando llegaba a tener mi ciclo menstrual, porque la mayoría de los meses del año ni siquiera menstruaba. Mi mamá pronto tomó cartas en el asunto y me llevó al ginecólogo, quien nos hizo saber que mi útero y matriz estaban llenos de quistes. Fueron varios años de tratamientos, biopsias y hasta pequeñas cirugías para un día darnos la terrible noticia: mis órganos parecían estar tan invadidos que lo más probable sería que nunca pudiera tener bebés. No recuerdo que a mí la noticia me hubiera afectado de alguna manera, pero sí recuerdo lo mucho que les afectó a mis padres.

El tiempo pasó, seguí con los medicamentos recomendados, me casé y pude llegar a ser madre de tres hijas. No tuve ninguna complicación durante los embarazos, ni abortos y durante varios años, los quistes parecieron darse por vencidos y ceder un poco; pero ahora que ya estoy entrada en mis cuarentas, esos quistes rebeldes regresaron más fuertes y con refuerzos, provocándome serios sangrados por lo que una vez más recurrí al ginecólogo y esta es la información que quiero compartirte:

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